Bert Hellinger, Constelaciones Familiares y el aporte de Rupert Sheldrake

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1/12/20262 min read

Rupert Sheldrake es uno de los biólogos más controvertidos de nuestra época.

Sus teorías están revolucionando no sólo la rama científica de su campo sino que desbordan hacia otras disciplinas como la física y la psicología.

Los científicos ortodoxos le acusan de introducir la filosofía en la ciencia.

En su libro “Una Nueva Ciencia de la Vida”, Sheldrake toma

posiciones en la corriente organicista u holística clásica, sustentada por nombres como Von Bertalanffy y su Teoría General de Sistemas o E.S. Russell, para cuestionar de forma tajante la visión que da por explicado cualquier comportamiento de los seres vivos mediante el estudio de sus partes constituyentes y posterior reducción de los mismos a leyes químicas y físicas.

Sheldrake, en cambio, propone la idea de los campos morfogenéticos, los cuales ayudan a comprender cómo los

organismos adoptan sus formas y comportamientos característicos.

"Morfo viene de la palabra griega morphe –explica-, que significa forma. Los campos morfogenéticos son campos de forma; campos, patrones o estructuras de orden. Estos campos organizan no sólo los campos de organismos vivos sino también de cristales y moléculas. Cada tipo de molécula, cada proteína por ejemplo, tiene su propio campo mórfico -un campo de hemoglobina, un campo de insulina, etc-. De igual manera cada tipo de cristal, cada tipo de organismo, cada tipo de instinto o patrón de comportamiento tiene su campo mórfico. Estos campos son los que ordenan la naturaleza. Hay muchos tipos de campos porque hay muchos tipos de cosas y patrones en la naturaleza..."

La gran contribución de Sheldrake
Ha consistido en reunir nociones vagas sobre los campos morfogenéticos (Weiss 1939) y formularlos en una teoría demostrable. Desde que escribió el libro en el que presenta la hipótesis de la Resonancia Mórfica, en1981, se han llevado a cabo numerosos experimentos que, en principio, deberían demostrar la validez de esta hipótesis.

La propia teoría de Sheldrake es controvertida en biología, lo que no parece molestar a los autores de las Constelaciones Familiares, que la dan por sentada. En los textos es manejada, más que otra cosa, como un concepto sonoro que se deja caer según convenga, sin profundizar en su pertinencia ni justificar su aplicabilidad a contextos clínicos.

Con independencia de lo acertado de estas explicaciones, el problema principal radica simplemente en que no sabemos si hay o no algo que explicar. En este punto es absolutamente necesaria una comprobación empírica, objetiva y contrastada que demuestre, para empezar, si diferentes personas en los mismos puestos (o sea, representando a la misma persona) experimentan

o no sensaciones parecidas.

No basta con la impresión del coordinador, sujeto igual que los participantes a la tranquilidad de una sesión clínica, y con el inconveniente de no poder repetir constelaciones.

Hasta entonces, lo más honesto será pensar que los clientes

tienden a percibir y a atender a aquellas manifestaciones de los representantes que para ellos resultan significativas, además de que la propia información disponible in situ sobre el sistema familiar puede marcar tendencias en el sentir de quien está participando en el juego. De cualquier modo, tal planteamiento no resta fuerza o eficacia al procedimiento, aunque tal vez sí

fascinación.